Hay algo particularmente irresistible en una canción que consigue hacerte mover la cabeza mientras las guitarras parecen estar a punto de incendiarlo todo. “Suicide Sugar”, el nuevo sencillo de Gran Fenwick, recupera esa combinación tan noventera entre ritmo bailable, guitarras distorsionadas y una actitud ligeramente insolente, pero lo hace desde una mirada contemporánea.
El proyecto del músico canadiense Ian Strung se sumerge aquí en la tradición de la música guitarrera de los 90, tomando como referencias a The Stone Roses, Blur y, especialmente, Mansun. El resultado se mueve entre el alternative rock, el indie y el Britpop, con un pulso cercano al Madchester que hace que la canción no se limite a sonar nostálgica: quiere que la nostalgia tenga movimiento.
La influencia de Mansun es especialmente evidente en la construcción melódica y en ese carácter vocal ligeramente desafiante. Pero debajo de esa capa británica aparece otra colección de referencias: Purple de Stone Temple Pilots, Monster de R.E.M. y el álbum homónimo de Collective Soul ayudan a construir el paisaje de guitarras. Es una mezcla curiosa, porque junta dos caras del rock alternativo de aquella década y las convierte en una sola criatura: bailable, ruidosa y deliberadamente imperfecta.
Y entonces aparece Makinz.
“Suicide Sugar” representa su debut oficial en una grabación, después de que Ian Strung la descubriera durante una presentación en vivo en Toronto. La energía y desparpajo de Makinz terminaron llevando la colaboración al estudio, donde ambos desarrollaron las voces alrededor de la frase que da título al sencillo. Su participación no se siente como un simple añadido: aporta una personalidad vocal que intensifica el carácter provocador y juguetón de la canción.
La historia continúa en el videoclip, dirigido por Brian McLellan, quien también forma parte de la comunidad trans de Toronto. Grabado durante una fiesta en un loft con distintas figuras de la escena musical local, el video abraza una estética noventera cargada de humor, excesos y vampiros con una vibra que recuerda deliberadamente a Buffy the Vampire Slayer.
Y quizá esa sea la mejor manera de entender “Suicide Sugar”: no como una reproducción de los 90, sino como una fiesta organizada desde el presente en honor a todo aquello que hacía que aquellas guitarras fueran tan divertidas.
Gran Fenwick consigue que las distorsiones pesen sin volver pesada la canción, que el groove tenga espacio para respirar y que la melodía conserve suficiente personalidad para quedarse dando vueltas. Hay referencias reconocibles, sí, pero también una voluntad clara de jugar con ellas.
Porque algunas canciones quieren llevarte al pasado.
“Suicide Sugar” prefiere traer los 90 a la pista de baile. 🖤🎸

