MI ÚLTIMO REFUGIO EN ESTA CUARENTENA

La tierra ya te la has llevado»

Por: William Castro A.

Quizás una de las afirmaciones más acertadas para arrojar en estos últimos tiempos, sea que no existirá otro momento mejor que este para escribir, pues para nadie es un secreto que estamos pasando por lo que sería el año más turbio e interesante desde principios del s.xxi y comienzos de la Era Moderna. Sin embargo, temo que, por ley de contrarios, haya quienes en lugar de sacarle provecho artístico a la época, sucumban a la inestabilidad del sistema y sus múltiples efectos dañinos que uno tras otro pudiera estar afrontando.

Sin dudas, la situación actual da para que lectores y escritores del mundo fluyan en sus respectivas labores de conquista, cuando no para ceder al encierro por causa de una pandemia devoradora de mentes vulnerables a la soledad prolongada.

No hay vacuna para protegerse de este mal, mucho menos una cura si ya se padece; lo que sí hay, en cambio, es un remedio ligado a la imaginación y el sentimiento (entendidos como dos elementos indispensables en el quehacer artístico) y que consiste en autorecetarse la literatura como escape hacia ese locus amoenus que yace dentro de uno mismo.

Es esta la fórmula patentada por el poeta y periodista Barranquillero Jorge Sarmiento Figueroa, en el que sería uno de los poemarios más íntimos y sobresalientes  de finales de década, así como un texto preventivo de los múltiples acontecimientos de impacto global a venir desde comienzos del 2020: Mi último refugio (2019), ganador del Portafolio de Estímulos de Barranquilla en la Modalidad de Poesía del mismo año y, desde entonces, un libro que funge como medio de escape de la realidad cotidiana tanto para el autor como para sus lectores.

El refugio en cuestión consta de 32 poemas ilustrados por el caricaturista colombiano más premiado a nivel internacional, Omar Figueroa Turcios, quien es tío del poeta. De sus dibujos caben resaltar las ideologías de corte político, socioeconómico y cultural que aunan los mensajes inmersos en cada trazo del artista, quien se sirve de las posibilidades que le ofrece la sátira para transmitir conciencia social.

En una de sus dedicatorias, el autor mismo se refiere a sus poesías como «las esencias amorosas que mejor sentido dan a mi presente», destacando así la temática del amor al ser este el hilo que permite al refugiado abordar tales esencias, al tiempo que le resulte inevitable relacionar cada uno de sus significados; mas al final el poeta decide hacerse distante ante lo ahora dicho, advirtiendo que «nada de esto es una absoluta certeza, lo que ocurre es que en mi corazón lo vivo verdadero» (dedicatoria personal).

¿Sobre qué tipo de amor centra el refugio sus cuidados?

Se trata de un amor inaprehensible, del que uno no se hace acreedor con tan solo aceptarse y quererse así mismo para luego arriesgarse a repartirlo a los demás.

Un amor que siempre está volviendo sobre sí para, aunque parezca imposible, contestara la pregunta sobre el papel que asume la vida, el alma, el lenguaje y los sentimientos del que ama ante las adversidades varias que diariamente podrían estarle proporcionando dolor.

Un amor que reconoce en la muerte el término cíclico de muchos dolores que fracasamos en el intento de sanar, y que al final resulta mejor hacer nuestros.

Es, tan solo eso: un amor al que le importa conservar una paz, una armonía al interior del que ama, y es consciente de ello.

Comunicación interna, presencias externas y consciencia del ser.

Para entender la poética que traza y presenta esta clase de amor a lo largo del texto, es necesario dividir en tres (3) momentos significativos las palabras a las que recurre la voz lírica para nombrar y describir sus más profundos refugios.

En primera instancia encontramos el momento de «comunicación interna» o intimista, donde la voz se sitúa todo el tiempo en un espacio psicológico desde el que teje cuestiones para sí misma en torno a la pérdida de los valores sociales,el anhelo de soñar y de crecer para algún día ser algo más que materia imperfecta.

Es este la síntesis del instante en que descubrimos lo mucho que nuestro ser tiene que decirle al mundo. Por lo que encontramos poemas como «Meme» que representan un asombro ante la des-gracia del otro, configurada en un chiste el cual luego y sin consideración de nadie se difunde en las redes sociales donde, con un poco de suerte, cualquiera es dueño de la palabra:

«Camiseta roja, pantaloneta azul / el niño yace, un cadáver en la playa / Su imagen pequeña se hace universal / símbolo total de un país en ruinas, de una especie muerta / Los días pasan lentos, las redes son rápidas / Ahora, el niño, si acaso, es un meme.

En este punto también hallamos los poemas «Espejo» y «Reflejo», identificados el uno con el otro tras la fascinación del hablante al descubrir en la soledad del contacto con el objeto una infinidad de dimensiones en las que, no obstante, siguen siendo la vida y la muerte los fenómenos explicativos de «lo mucho que se repite nuestra existencia / ausente de individualidad / repleta de multiplicación» (de Reflejo).

Por naturaleza nos enseñan desde pequeños que los grandes héroes son aquellos que cometen hazañas memorables para la historia. Los poemas «Épica» y «Grandeza», sin embargo, asumen una posición escéptica frente al llamado «gobernante» del que la voz poética, por un lado, se imagina cometiendo hazañas más valientes como llorar para sentir que de verdad se está despierto al observar su sueño realizado, y por otro lado, concibe su trascendencia en el tiempo solo por obra de los artistas de quienes, incluido, duda que algún día lleguen a alcanzar iguales privilegios:

«Poder arenoso, que impones reinados de Carnaval, / ¿qué seremos? / si mido mi existencia con la encuesta del tiempo, / solo soy un soplo, una bufa en la eternidad» (de Grandeza)

Como segundo momento importante a destacar, llamaremos «presencias externas» a aquellas esencias constituidas por la presencia de esos otros seres que cohabitan y dan sentido al refugio poético, al tratarse de distintas entidades que sensibilizan a la voz lírica por el conocimiento previo y la plena confidencialidad existente entre un ser y el otro.

Ceñido a esto figuran poemas como «Guitarra», en el cual es la música del llamado hermano Julián o «el hijo del Búho» la que sonoriza perfectamente el alma del hablante, quien se place de exaltar la vocación del artista al compás que reverencia cada instante y lugares en los que con su ritmo y armonía le transmite paz a su refugio:

«He ahí la vocación de un artista, / la experiencia mía de amarlo en su camino»

Sumado al anterior está el poema «Cosecha» que apela precisamente a esa retribución que, en el epígrafe que da inicio al poemario, se señala como resultante del amor que la familia fuera sembrando en el camino del poeta. Por lo que efectivamente, la presencia en este caso es la de una madre sabia que se sirve de anécdotas familiares para tratar de dar sentido al sinsentido de la naturaleza, atraída por la curiosidad de su pequeño hijo:

«¿Por qué canta ese pájaro? / La madre, sin respuesta, /buscó a un lado la salida, / se encontró con mi mirada / y no sé por qué pensó / que la luz a su pregunta / estaría en mi mochila»

 Hasta aquí encontramos poemas cuyas presencias son todas familiares, pero lo cierto es que también hay esencias en las que, cuando no son presencias infantiles las que abordan el refugio («Maga»), son aquellas que descubren en el poeta una euforia intempestiva que le estalla el corazón en tiempos de fiesta («Dragón»), o bien le reconocen en el mismo plano marginal de un borracho que resulta ser su propia sombra («Cenital»), o que bien pueden no ser ni siquiera entidades humanas que le cohabitan  («Serpiente», «Campanario», «Gallo»…) y así, sucesivamente, se va llenando de amor el refugio.

Finalmente habremos llegado al tercer y no menos importante momento, en el que llamaremos «conciencia del ser» a un grupo de esencias ulteriores, que dan cuenta de la madurez y la visión ideológica del mundo que la voz ha alcanzado tras seguir el camino dictado por las palabras, de las que en últimas se sirve el poeta para realizar su afirmación de vida.

De entre varios poemas que coinciden con esta premisa («Limpio», «Partir», «Rastro», » Buscar…), me decido a enfatizar únicamente sobre el  poema «Refugio» que titula y abre las puertas del poemario en su totalidad. Su esencia es de origen latino, y significa literalmente: «huir en retroceso» o en dirección hacia ese último sitio de resguardo, el cual tiene la característica de ser íntimo, orgánico, vital y extraterrenal.

«Mi último refugio es el corazón, / la tierra ya te la has llevado»

Es este el poema más corto pero a la vez el mejor logrado, pues, dadas las palabras del hablante, ya la tierra ha sido llevada o extraída al máximo por aquellos quienes la habitan, lo que en últimas le conllevan a protegerse bajo los brazos de otro mundo ideal que él, con base en el amor reunido en cada una de sus experiencias, recuerdos y seres queridos, construye sobre lo más valioso que puede tener el ser humano: su corazón.

«Mi último refugio es el corazón.

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