REVISTA «HUELLAS» DE LA UNINORTE SALE A LAS CALLES EN EL LANZAMIENTO DE SU EDICIÓN N°104

Por: William Castro Atencia

Durante los días 21, 22 y 23 de octubre, la prestigiosa Universidad del Norte de Barranquilla en apoyo docente e investigativo del programa de Filosofía y humanidades, efectuó satisfactoriamente el lanzamiento de la edición N°104 de su emblemática Revista Huellas, medio de difusión que lleva décadas circulando en las aguas de nuestro sectores artístico y cultural.

Con presencias en las instalaciones universitarias de la Norte al igual que en el histórico bar La Cueva, y pese a la ausencia por fuerza mayor del artista internacional invitado, el chileno Héctor Hernández Montecinos, este año la revista Huellas ha sacado por segunda ocasión otra de sus interesantes ediciones, que bajo la dirección reciente del escritor y docente universitario, Josef Amón-Mitrani, empiezan a incorporar un rostro distinto al formato físico, el contenido y la difusión que acostumbran observar sus fieles lectores.

Dichos cambios se evidencian desde la portada donde se ilustra la salvaje creación del diseñador caleño Paul Rozenboim, que plasmada sobre un papel de características mayormente adaptadas a la problemática medioambiental, principia lo que quizás se trate del índice más artísticamente diverso en la historia de este medio.

Pero bien, ¿A qué le apuesta Huellas con su novedosa edición?

Portada de la revista Huellas. Fue ilustrada por Paul Rozenboim.

Podría decir en resumen que esta apuesta se dirige ante todo hacia la desacademización del conocimiento artístico, al rompimiento de unos esquemas rigurosos que implantados en la revista desde sus orígenes se fueron desarrollando con la aparición de otras normativas a las que se sujeta con fuerza, a menudo provocando que los estudiantes y el público general rehuya de su participación dentro de la misma (pienso, por ejemplo, en las temidas Normas APA).

Es por ello que en su prólogo, el director Amón-Mitrani destaca una finalidad de la revista que trasciende el hecho de incluir en un mismo espacio un universo de manifestaciones artísticas, como la traducción, el cómic, la música o la poesía, siendo tal la necesidad de dejar en las manos de la gente

«..una revista repleta de amor, repleta de rebeldía, repleta de ganas de dar cuenta de que el arte, que vive en las calles (y no en los museos o en las librerías de aeropuerto), va mucho más allá de aquellos cánones absurdos que nos han enseñado en los colegios»

En cumplimiento de esta premisa, el director sale a las calles de Barranquilla acompañado de su comitiva editorial, para repartir unos 400 ejemplares de la revista que sueña con dejar marcada su huella en terrenos externos a la universidad; razón por la que también decide tomarse las salas del bar La Cueva, patrimonio literario de la ciudad.

En otra instancia, se planteó como segundo objetivo el convocar una mayor cantidad de voces tanto de estudiantes universitarios como de artistas en general, cuyos talentos permanecieran aún desconocidos para el público lector, a quienes se les brinda la posibilidad de abrir nuevas puertas hacia otros mundos literarios.

Puede el equipo de Huellas jactarse de este punto tan solo con haber seleccionado para su número en cuestión una serie de trabajos brillantes, realizados en suma por jóvenes talentos que ahora encuentran un impulso para seguirse desplazando por la cuerda floja de la difusión literaria en Barranquilla.

«Hay una visión muy bonita del vicerrector de la universidad -expresa Josef Amont-, quien dice que todo lo que se haga en la Uninorte, lo que sea, tiene que tener un sentido pedagógico. Y es que si esto es una revista universitaria, por lo tanto le pertenece a los pelaos«

Por lo que nunca estará demás decir que para la creación de nuevos espacios de publicación que den continuidad al proyecto de revistas como Huellas en el país, se requiere de algo fundamental que no raya en el presupuesto ni en las políticas varías de la editorial, sino en la verdadera intención por parte del grupo de proporcionar oportunidades tanto al artista de culto como al callejero, para así darse a conocer a través de herramientas tan escasas como esta.

Es esencial, en últimas, leer la revista Huellas; interactuar con sus imágenes y autores, en especial con este número tan original, donde se cuenta con un ensayo de meditación filosófica por Felipe Ángel Flórez, las narrativas de Michael Benítez Ortiz, John Better y Daniela Pabón; la crítica de cine realizada por el ojo de Martha López Acosta, y el rescate de un soneto clásico de la pluma del bardo Shakespeare, con el que la revista demuestra acoger, de ahora en adelante, hasta el mismo canon.

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