POÉTICAS DE APERTURA EN EL XLV CARNAVAL INTERNACIONAL DE LAS ARTES.

 Por: William Castro A.

Es 6 de febrero y consigo la inauguración oficial del XlV Carnaval Internacional de las Artes de Barranquilla. Con sólo arribar a la sede centro de la Alianza Francesa en horas de la mañana, me llevo la impresión de encontrar un sinnúmero de ruiseñores esparcidos a lado y lado del Patio Cultural. Era como si una infinidad de jaulas hubieran sido abiertas por cada uno de los asistentes que ya se concentraban en el centro del recinto, para otorgar la anhelada libertad a esa grandilocuente ave cuyo destino le infringe sobrevolar por encima de los papeles donde yace pintada.

A lo ancho de la tarima se sitúa el autor de tan bello encierro: Enrico Mitrovich, artista italiano a quien la gente ovaciona con aplausos y disfraces de la tradicional «danza de los pájaros», la cual lleva muchos años apareciendo en desfiles del carnaval como la gran Batalla de Flores.

Después de trazar unas cuantas palabras de bienvenida al público que el intérprete se encargara de trasladar a nuestra lengua, el pintor se decide a abandonar la tarima esperanzado en seguir dibujando la misma figura del ruiseñor una y otra vez cuando vuelva a casa. Mas, de repente, es como si estas empezaran a cobrar vida al descender del techo y paredes, una tras otra, por cada lapso de aproximadamente 15 minutos. «Allí voló otro pajaro», dice una señora entre el publico, y enseguida recuerdo una frase del autor: «todo terminará el día que logre pintar un cardenal capaz de volar, de alejarse de mí y abandonarme para siempre».

Acto seguido, al escenario suben los curadores Nestor Humberto Martinez y Alantl Molina, este último procedente de méxico desde donde viene para presentar la exposición fotográfica Nippon América, en la que explora  los rostros de la cotidianidad del Japon del s.XXl inmersa en los lentes de tres fotógrafos nikkei latinoamericanos: Marcio Takeda, Luis Okamoto y Taeko Nomiya.

Los curadores dialogan sobre los propósitos y mensajes de esta exposición, a lo que Molina contesta con una serie de anécdotas en torno a la visión estereotipada que de los japoneses se tiene en el extranjero, donde se incluye al mencionar que «en ciudades tan cosmopólitas como CDMX, los japoneses son vistos como extraterrestres». Razón por la que se decide a buscar trabajos de fotógrafos con la carácterísticas de ser nikkei o de origen japoned que desde temprana edad han migrado a Latinoamética, y así demostrar que «pese a las diferencias raciales y culturales podemos comprendernos los unos a los otros».

La mañana concluye con el increible recital de Isabel Sofía Picón, una niña que vino directamente desde Ocaña, Santander, para demostrarnos que con tan solo 11 años de edad ha logrado convertirse en una acordeonista sin igual, hábil en el manejo de la digitación y sabia en el arte musical.

En el escenario, Isabel Sofía dialoga con el periodista Oscar Montes acerca de sus inicios en la musica,  contando que desde los 5 años se dedica a   interpretar el vallenato sirviendose de su canto y acordeón, hasta así algún día alcanzar el mismo reconocimiento que herederas del género en Colombia como Patricia Teherán merecieron ostentar.

Simultáneo al diálogo, la acordeonista pasa a interpretar algunas de las canciones más emblematicas y sonoros de la música vallenata en Barranquilla, como el tema «La nota fría» de Emiliano Zuleta y «Anhelos» de Alfredo Gutierrez, en la que es respaldada por el conjunto de Oscar Díaz, descendiente de la dinastía Díaz del vallenato.

El espectáculo cierra con el tema «Parranda, ron y mujer», con el que el Carnaval de las Artes acaba convertido en toda una parranda vallenata para el disfrute y reflexión de sus asistentes.

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