NO SOY QUIEN CREES

Por: Jonathan Cantillos

¿Podría llevar la crisis de la mediana edad y la falta de cariño a una condición de mordaz obsesión? Claire, una maestra de lengua nativa francesa y literatura, eso me gusta, divorciada de 50 años, que tiene un amante ocasional. Este muchacho solo está con ella por el placer, Pero Claire desea un poco más que eso. Cuando es abandonada por su amante trata de buscarlo y crea una estrategia, consiste en hacerse amiga del mejor amigo de su ex amante, Alex un fotógrafo, esto último me gusta. No la estratagema sino sus profesiones. La cosa es que todo va cambiando de rumbo y se va tornando en un problema.

Claire está donde su siquiatra y le cuenta las peripecias que hizo para manejar el abandono de su amante. Claire creó un personaje basado en una sobrina, al que llama Clara, en una red social para hacerse amiga del amigo de su ex amante, ya es extraño, llevarlo al punto de seducirlo poco a poco creando una imagen falsa de ella, ya es patológico y medianamente con esfuerzo uno podría justificar. Llevar al punto de empujar en pro de la mentira hasta llevar al otro al desconsuelo y luego con la escena final demostrar que está psiquiátricamente inmanejable, es lo más interesante, absurdo y valioso de la cinta.

Mientras que la película transcurría de manera didáctica, que se veía como la exposición pedagógica e instructiva sobre las redes sociales y su uso la cosa da un vuelco. Esta parte me parece valiosa porque bueno, es fácil conversar y creerse amigo de alguien en poco tiempo con un par de líneas de chat y si ambos están de buena gana se habla siempre más de la cuenta y se entabla una amistad o algo más. Pero francamente a mí me estaba pareciendo aburrida. Hasta que luego hay un hecho que dije anteriormente que quiebra todo y es la supuesta muerte de Alex el fotógrafo por no soportar la burla de “Clara”, al no presentarse en ninguno de sus encuentros. Esto genera un remordimiento en Claire y decide expresarlo poéticamente en un libro con un final alternativo. Hasta ahí me desperté y bueno, me pareció mejor que todo lo que iba previamente.

Imagina un gimnasta emocionado que hace una secuencia y le resulta bien y se gana los aplausos del público. Si ya de por sí la forma en la que estaba narrada la película, desde una visión subjetiva de una mujer que cuenta su pasado a una siquiatra, al luego añadirle un final de una escritora que crea su propio final para hacer catarsis por haber matado al fotógrafo, aunque no era realmente el estatus quo que se esperaba, era bastante ostentosa la narrativa era poética. Pero entonces al director, Safy Nebbou, o no sé si esto vendrá desde el libro mismo del cual fue tomado, hace la estupidez de prender que otra pirueta más, un salto mortal le quedaría bien para completar el show: Alex no había muerto, sino que Ludovic, el ex amante había descubierto toda la mentira y entonces le mintió a la mentirosa. Nebbou, esta pirueta para mí te costó no solo una medalla de bronce, sino que para mí te partiste el cuello y quedaste parapléjico con la narrativa. ¡Que ridiculez!

Concluimos que la película enseña bastante sobre el uso de redes sociales y funciona como un recurso educativo interesante. Sin embargo, como cinta que aporte una visión extraordinaria al cine, solo enseña, instruye sobre la manera correcta de ser un Shyamalan francés que mete las patas hasta el fondo.

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