El periodista Santiago Arango Naranjo presenta La era de la hipermúsica: trampas, beneficios y retos

¿Podrían los humanoides crear sus propias agrupaciones musicales? ¿Cuántos años faltarán para que las familias adopten niños robots programados para amar? ¿Las redes sociales pueden impulsar el trabajo de los artistas pero, a su vez, imponen una nueva forma de esclavitud? ¿Los músicos están más preocupados por figurar que por crear? Estas son algunas de las preguntas planteadas en el libro La era de la hipermúsica: trampas, beneficios y retos escrito por el periodista Santiago Arango Naranjo y que, construido a manera de ensayo, propone una aguda reflexión sobre las bondades y las desventajas que ha traído el modelo digital implementado al ecosistema de la música.
 
La publicación partió de un trabajo académico y estableció una línea de investigación cualitativa de alcance exploratorio que, a través de una juiciosa revisión bibliográfica, encuestas, foros, observación netnográfica y entrevistas, ahondó en la web social y su incidencia en la música. «El tema me llamó la atención porque noté que grupos de distintas latitudes se arrojaban fervorosos a la web social y, luego, percibí que esos mismos grupos desaparecían de ese ecosistema, se hacían invisibles. ¡Quise averiguar la razón!», explica Arango sobre el porqué de esta investigación que se extendió durante un par de años

La era de la hipermúsica: trampas, beneficios y retos explica cómo los músicos disfrutan los beneficios de circulación y promoción del nuevo modelo digital, valoran el diálogo directo con sus tribunas y aprovechan la autopromoción de sus álbumes, conciertos y suvenires para generar recursos económicos. A su vez, el texto determinó que hay una crítica a la manipulación de los gustos a través de las plataformas: los grupos aceptaron la ‘transacción’ del recién estrenado arquetipo porque lo digital determinó una dictadura en la que o se acoplan o se vuelven casi imperceptibles para sus audiencias y esto, de fondo, desdibujó la experiencia de escucha del usuario convirtiéndolo en una máquina de consumo que instaló en un segundo plano el disfrute consciente y reflexivo del arte como manifestación humana. “En el proceso de investigación, tras las entrevistas a diferentes músicos y apoyado en la observación netnográfica y en distintos artículos, comprendí que para los músicos el ecosistema digital es como enfrentar una dictadura política: se acoplan al sistema, actúan según sus lineamientos e intentan tener una vida”, explica Arango sobre algunas de sus conclusiones. “Otra opción es no amoldarse y correr el inminente riesgo de desaparecer o ser invisibles; o finalmente, forman un bando critico de resistencia digital”, añade.
 
Este ensayo periodístico se convierte de este modo en una reflexión pertinente en torno a los modelos actuales de circulación musical. A la luz de la evolución del negocio de la música, los artistas han tenido que aprender a sobrevivir en un espacio cada vez más competido en el que los recursos tienen que dividirse entre más agentes. Con el cambio del formato físico al formato digital, el juego ha virado en función de un algoritmo que a veces es difícil de descifrar. Sin embargo, por la manera en la que está construido La era de la hipermúsica: trampas, beneficios y retos es un libro de fácil acceso para cualquier persona, más allá de los artistas y agentes que hacen parte del ecosistema musical. “El libro puede leerlo cualquiera que no necesariamente esté metido en el ecosistema de la música, pues el texto está narrado a partir de escenas, ejemplos y momentos cotidianos, como la fiesta de amigos que dejaron sonando una playlist hasta el amanecer o la selfi en un concierto soñado”, concluye Arango.

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