BORIS CARVAJAL PLAZA : LAS TIJERAS DE BOHERO

Una noche encendí una vela                                                                                                        

y me apareciste tú

quisiera creer que todo aquello

simplemente fue sueño.

Eres real y sabes cómo hacer daño.

                                A todos los Boheros.

Bohero fue el vecino de la familia por décadas, yo podría asegurar que por siglos y milenios; su mansión quedaba justo frente a nuestra casa, desde el balcón intentaba observar la silueta de aquel enigmático caballero, pero nunca me fue posible.

En las vacaciones se reunía toda la familia, los más pequeños debíamos escuchar las historias de la bisabuela, extrañamente era la única que alguna vez logró toparse con él, con Bohero.

Es un tipo de bello aspecto físico, sus ropas oscuras denotan mucha elegancia, camina como si no perteneciera a este mundo y es frio en todo, desde sus gestos hasta su corporalidad. Mi bisabuela también me hablaba de él, me contaba que cada cierto tiempo cuando hay luna llena en el mes de agosto se ubica en toda la cúspide de su mansión, desciende una luz que lo revitaliza y lo mantiene con su aspecto de un hermoso ser de treinta años ¡nunca deben acercarse a esa mansión! Ese ser es el demonio encarnado –eso nos lo narraba la bisabuela en todas las vacaciones-

Las últimas vacaciones de fin de año juntos, como familia completa, ya no éramos niños, a la bisabuela le pesaban los años y era notorio, ella me acarició el rostro, sonrió y muy bajito me susurró: Tú no eres especial, tampoco eres de aquí.

Le sonreí y le di un fuerte abrazo; la familia no se volvió a reunir más, el veintiuno de agosto a las cero horas fallece la bisabuela, justo el día de mi cumpleaños número veintiuno; durante toda la mañana la familia regreso en peregrinación como lo hacíamos para comer, la familia se había vuelto más numerosa, ese mismo día sepultamos a la bisabuela y casi todos se regresaron, unos cuando, los más cercanos nos quedamos en esa vieja y grande casa familiar.

En la sala todos se reunieron para recordar la historia de la bisabuela, subí al balcón a distraerme un poco, el cielo estaba despejado, había luna llena, observe hacia la mansión del frente y por primer vez observe la silueta de Bohero en una ventana, desde mi balcón sonreí y la curiosidad hizo lo suyo.

Bajé rápidamente, todos se encontraban dormidos, Salí con cuido de no despertarles, a solo unos pocos pasos se encontraba la reja principal de la mansión de nuestro extraño vecino vitalicio.

Era una reja de hierro forzado con formas propias del siglo XV, debí escalar para poder ingresar al jardín principal, era una laberinto de flora que en la noche creaba cierta niebla debido a los procesos naturales de las plantas, me dirigí a la entrada de la mansión gracias a que la luna se encontraba posada en el centro del pórtico me guio, la entrada estaba adornada con una serie de figuras de seres alados que evocaban una catedral renacentista, di unos cuantos golpes a la puerta y esta se abrió. Todo parecía un museo, iluminación tenue, cada objeto estaba en un lugar ubicado estratégicamente para poder ser apreciado, en el fondo una chinea encendida delante suyo un sillón dando la espalda a la entrada, una mano sostenía un bastón de plata, poco a poco se fue colocando en pie, con una voz autoritaria y apacible me dijo: acércate, hace muchas vidas te esperaba.

Todo eso fue como un hechizo que seduce y se lleva tus miedos, nos fuimos acercando uno a al otro, su rostro era hermoso, lo estatura imponente, todo él cautivaba, su mano derecha estaba en su espalda, acercó su rostro al mío, me decía mientras se acercaba –no sientas miedo déjate llevar- y eso hice. Estando frente a mi sus labios se posaron a los míos, dejo caer su bastón y se aferró a mí con toda su fuerza, el reloj marcaba las veintiuno, veintiuno, su mano derecha se empezó a deslizar en mi espalda, sentí un frio que hacia arder todo mi ser, justo ahí mi memoria volvió y todos los recuerdos de vidas pasadas llegaron.

Bohero era mi ángel guardián arranco sus alas para que juntos pudiéramos subir al paraíso, pero yo tenía una conexión directa con el Hades, la vida me fue arrebatada, él se sacrificó por mi condenado a la soledad y ser alimentado cada cierta fecha de agosto. Bohero me amó desde siempre, pero el hizo un pacto con el inframundo, tan pronto estuviéramos juntos el me cortaría las alas que le pertenecieron y ambos ascenderíamos, solo que no resultó así, yo subí a su paraíso y Bohero con sus alas descendió al infierno, ángeles y demonios no pueden estar juntos.

Mis lágrimas bajan a Bohero para mantenerlo vivo y él afila sus tijeras hasta encontrar a otro ángel inquieto al cual le robe sus alas y poder ascender para amarnos como lo hizo cuando me vio por vez primera, porque mis alas fueron la recompensa del Hades.


Boris Carvajal Plaza; nacido en el municipio de Cereté departamento de Córdoba, licenciado en el área de humanidades-lengua castellana, actor, poeta, director de teatro, escritor de narrativa de minificción, tallerista de escritura creativa.

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