“AL BAGAZO POCO CASO, ¿AL MOJÓN?”

Comentario sobre el humorista que se alimenta de las divisiones regionalistas.

Por: Jonathan Cantillo

El caribe colombiano goza de amplia riqueza en el uso del lenguaje. Con mucha facilidad podemos subir al olimpo y tomar un poco de ambrosía para nuestro paladar a fin inmortalizar nuestras tradiciones e ideas y en una misma sentencia discurrir sobre los nueve círculos del infierno de Dante para lapidar a quien sea necesario. De tal manera, que el lenguaje puede tener un margen muy amplio de posibilidades para asestar golpes más fuertes que los físicos.

En el boxeo, cada pugilista es pesado antes de la batalla, de tal forma que la pugna sea equitativa, algo razonable, y que ninguno de los dos luchadores luego de perder la disputa, pueda aducir que fue porque estaba en desventaja, que el otro era más grande o lo que sea conveniente para restar mérito y justificar su pérdida.

Recuerdo que justamente ayer, revisando Facebook pude encontrarme con un vídeo de artes marciales mixtas. La primera escena era precisamente en el pesaje. En ese momento los luchadores suelen mostrar una actitud fuerte, a fin de dar un primer golpe psicológico sobre el contrario. Normalmente, suelen decir palabras ofensivas para mostrar su superioridad, manejan una actitud de soberbia y desprecio sobre el oponente al que quieren hacer sentir menor o incapaz. Esos vídeos ejemplarizantes que son seleccionados por usuarios para redes, tienen como denominador una moraleja, o didáctica, que consiste en la ironía metafórica de David frente a Goliat. En estos casos, suele suceder que el bocazas termine perdiendo vapuleado hasta que queda minimizado revoloteándose en su vergüenza y el que calla, gana.

Muchas veces son innecesarias las disputas, cuando el oponente no está en condiciones de acometer un enfrentamiento de calidad. Cuando la contraparte no está a la altura a nuestros ojos, la única razón por la que vale la pena expresarse, es como una forma de exhibición, no para el agresor, sino para los espectadores. Lanzar un par de argumentos, no estarán mal para recordar a los lectores cuan desorientado está ese charlatán.

El fanfarrón de turno, para el dolor coloquial de la caribeñidad, es un comediante del interior del país que trascendió hasta herir al primer mandatario de la ciudad. Este hombre se llama Gabriel Murillo, en su show más reciente, dirigió el siguiente comentario comparativo:

“Este puerco país tiene ferias y fiestas excepto Bogotá. En Bogotá tenemos el Festival de Verano. En Bogotá, eso no tiene sentido. Eso es como llevar la Feria del Libro a Barranquilla, ¿pa’ qué? Esos hijueputas no comen con cubiertos qué van a saber leer. Pa’ qué pierden la plata».

En su afán por ridiculizar al país por sus aparentes absurdos, tomó por delante a Barranquilla. Tal vez, su objeto inicial siempre fue burlar a los barranquilleros y tomó como excusa a Bogotá, con el fin de matizar un poco el golpe o tal vez elevarlo. Cualesquiera que hayan sido las ideas que sacudían su cabeza, el objeto era descolgar risas en su auditorio, un público que pagó por escuchar este tipo de cosas. De hecho, el programa se denomina: “Con ánimo de ofender”, así que es sumamente clara la meta de este espectáculo: se trata de un show de stand up sin censura, cuyo objeto principal es polemizar con un humor negro y ofensivo. 

Un par de días antes, también hubo revuelo en redes porque Murillo arrojó palabras con el ánimo de ofender al Vichada. “¿Eso dónde queda? ¿Qué se da en el Vichada aparte de guerrilla y perico? Nada más. Eso es lo que hay en el Vichada”. Las palabras generaron rechazo de la comunidad y también de las autoridades. Estas últimas, las autoridades, según informaron para medios, tomarán medidas legales para invitarlo a retractarse.

El comediante minimizó sus acciones al ser cuestionado por los medios de comunicación. Adujo que los habitantes del Vichada debían emprender su indignación en contra de sus dirigentes políticos. El comentario es tanto apropiado como una lavada de manos, y no para prevenir el virus mortal sino a la vieja usanza del prefecto Pilato. En lo referente al caso Barranquilla, por ser más reciente, a la altura en que escribo estas líneas, aún no se ha expresado.

La pregunta que queda por hacerse es: ¿Nos podemos escudar bajo la excusa del humor irreverente para poder decir toda suerte de insolencias que nos vengan en gana? ¿Es que buscan llevarse por delante a quién sea para hacerse famosos? ¿O es tan solo un acto elocuente con fin recreativo y catártico?

Repasaré un par de ejemplos, solo unos cuantos, de mis recuerdos de lecturas clásicas y medievales.

Para el siglo V y IV a. C. Aristófanes, padre de la comedia, escribió obras que atentaban directamente contra personajes que vivían en su época, haciendo críticas mordaces. En Las nubes, por ejemplo, se hace una fuerte crítica de los sofistas y sus enseñanzas. La burla directa a Aristóteles es de humor escatológico, por momentos, lo retrata como un viejo sin oficio y pedorro que hace que sus seguidores, los sofistas, hagan cosas sin sentido.

Aristófanes también escribió, Las avispas, otra obra en la que se burla de Cleón y el funcionamiento de los tribunales populares. Cleón era un importante político que tuvo participación significativa en la guerra de Peloponeso. En esta obra, Aristófanes retrata a Cleón como un adicto a los juicios. Por lo cual, el hijo lo confina a su casa para que se controle, al ver que las cosas no mejoran le arma su propio juzgado en casa. Los asuntos estaban bastante quietos, así que deciden acusar a un perro de haberse robado el queso y se arma un juicio absurdo, cargado de locuras contra un perro.

Si pasamos un poco más adelante en el tiempo, nos hallaremos frente a la Divina comedia, un poema escrito por Dante Alighieri, cuyo sustantivo comedia, solo hace referencia a que no tiene un final trágico sino amable o feliz. En la Comedia, el autor se encarga de arrojar nombres propios, metáforas y alegorías para poner en el infierno a todos a quienes les vino en gana, entre ellos políticos de su época y demás. Si hubieres sido de esa época y por alguna razón llegaras a ser hater de Dante, ahí habrías tenido tu lugar en algún círculo del infierno.

Históricamente, como notamos, desde el panorama de la literatura, los comediantes han podido expresar sus ideas críticas, y hasta ofensivas, a cuantos les ha venido en gana. Sin embargo, esto no ha quiere decir que todo lo que hagan sea siempre aplaudido. Como ya notamos, la ruta que trazan los deslucidos y poco virtuosos humoristas contemporáneos, genera ánimos diversos por sus acciones.

Mientras estén inmersos bajo un personaje pueden atacar a políticos, y serán aplaudidos, pero cuando se meten contra comunidades enteras, hieren u ofenden de una manera más significativa. En Colombia, por ejemplo, están vetados públicamente los chistes contra pastusos, pero eso no quiere decir que no se sigan expresando fuera de medios oficiales. Cuando un caribeño desea ofender a un cachaco lo manda a bañarse o le dice que huele a meados. Cuando un cachaco quiere ofender a un caribeño le dice mama burra. Todas estas ofensas regionalistas siguen vigentes y generan mucha más división en un país cargado de estereotipos negativos usados para segregar y dividir, en lugar de ver la variedad como una virtud.

La idea de que el caribeño no lee, es refutable, la estadística del DANE dice que en Barranquilla se leen 4.5 libros al año. Por su parte, si es necesario notar que los Bogotanos leen más libros, a saber, 6.6 libros. Una diferencia de 2,1 más. Es muy claro que existen deficiencias en cuanto a lectura que deben subsanarse. Pero leer libros, no indica necesariamente cultura. La cultura del barranquillero y de todo el Caribe es más transversal. Implica lecturas, música, danza, pintura, etc. Si se amplía el abanico de opciones y se pregunta a los barranquilleros, los indicadores serán diferentes. De mi parte, empujo contando historias a mis estudiantes para motivarles a leer. En una comunidad educativa de baja cultura lectora, los que menos han leído han completado 4 libros y 11 libros quienes son más ávidos. Y si estoy en escuelas con mayores hábitos de estudio leen un libro por semana. Pero no basta con ello, la idea es que consuman más cultura fuera de los libros. Y como yo, conozco muchos profesores, aún de los barrios más marginados. Tal vez en futuro no muy lejano surja una segunda gran ola de escritores con peso nacional como lo fue el grupo de Barranquilla.

Por otra parte, en cuanto al uso de cubiertos, suponemos que hace referencia a cuchillo y tenedor. Habría que preguntarle al humorista si en su imaginario, entonces, ese tercio del mundo que come con la mano, de países de los continentes de África, Asia, Oceanía, y hasta acá en América en México y otros países, no saben leer.

No debería ofendernos el pensamiento de este poco informado muchacho que ejerce su labor como deslucido comediante de hambrientos de migajas de segregación regionalista. Estimo que Aristófanes y Dante tendrían un personaje más para su humor. La poca eficacia de su labor, su poca calidad, radica en su sentido de generalización para explotación de los estereotipos regionalistas como forma de división para la construcción de su humor.

El humor que causa división, es un humor gastado, retrógrado y poco inteligente, pero siempre consumido. Aunque expone sesgos de realidad no hay que darle tanta importancia y en lugar de ello, buscar formas de humor de mayor calidad de la que hace mucho disfrutábamos como los bellos tiempos de Jaime Garzón, hoy, tal vez, Guillermo Díaz Salamanca con La luciérnaga y Matador, el caricaturista, o si deseamos algo más superficial pero bien pensado, un Andrés López, o memes anónimos en redes, pero a ese mojón, poca atención.

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